
“Así que les digo: vivan por el Espíritu y no sigan los deseos de la carne”
A veces creemos que el problema es el cuerpo, pero en realidad es la mente. Cuando sentimos cansancio, hambre o ganas de rendirnos, muchas veces no es porque no podamos seguir, sino porque nuestra mente ya decidió parar.
Dios nos llama a aprender a controlar lo que sentimos y pensamos. No se trata solo de ser fuertes físicamente, sino de tener una mente firme en Él. Cuando llegan momentos difíciles, pequeños o grandes, ahí es donde practicamos obedecer a Dios.
Las luchas diarias, como resistir un antojo, levantarse temprano o no rendirse, son como un entrenamiento. Aunque parecen cosas pequeñas, nos preparan para momentos más grandes en la vida. Si aprendemos a decir “no” hoy en lo pequeño, podremos decir “sí” a Dios en lo grande.
El Espíritu Santo nos ayuda a tener dominio propio. No estamos solos en este proceso. Cada vez que eliges obedecer a Dios en lugar de tus deseos, te haces más fuerte por dentro.
Cuando sientas incomodidad o ganas de rendirte, no lo veas como un problema. Míralo como una oportunidad para crecer. Haz una pausa, ora, y pide fuerzas a Dios.
Recuerda: la victoria empieza en la mente, pero se logra con la ayuda del Espíritu Santo. Mantente firme. Tú puedes más de lo que piensas, cuando Dios está contigo.
Desafío diario:
Ore hoy al Espíritu Santo para que le enseñe, a lo largo de este reto, a ver las lecciones que hay en su programa estricto de dieta y ejercicio. Cuando sienta las punzadas del hambre hoy, tómese un momento para orar y pedirle al Espíritu fortaleza para dejar pasar esas sensaciones. Vea estas oportunidades como practicar tiros libres en el baloncesto o tiro penal en fútbol. Estos fundamentos quizás no parezcan importantes cuando el gimnasio está vacío, pero en casi todos los grandes partidos, todo se decide por las jugadas más simples. Muchas veces todo depende de los fundamentos que los jugadores practicaron cuando nadie los veía. Comprometámonos con la excelencia en cada área de nuestras vidas para Jesús. Él lo merece.